viernes, 5 de junio de 2009

Esos días…

¡Cómo odio esos días! ¡Hacen que me ponga peor! Lo que yo quiero es llorar, soltar lágrimas aquí y allá para sentirme mejor. Son eso días en los cuales estoy triste sin razón aparente, que a pesar que el día anterior había sido un día normal o hasta un día grandioso, en la mañana me hubieras levantado con el pie equivocado. Que cualquier comentario hacia mí hace que mi vista se nuble. Lo único que quiero es un lugar donde pueda hacer frente a todas mis penas y cuando ya tengo ese lugar y ya tengo todos mis sentimientos a flor de piel, las lágrimas que he querido derramar no se asoman ni si quiera por curiosidad. Y lo único que me queda es llorar sin llorar, llorar sin llanto, sólo dejo que los recuerdos me invadan, que el coraje y tristeza me hagan compañía durante mi estancia en el lugar de soledad que tanto había buscado durante el día; esos dos sentimientos cuentan todos mis sueños sin realizar, todos mis errores en la vida, todos los malos tragos que he vivido. Esos dos, lo único que quieren es hacerme sufrir y lo que hago es dejarlos hacer sus maldades. No tengo fuerzas con las cuales enfrentarles. Hasta me dejo llevar por ellos, dejo que recorran mi ser, mi memoria y mi espíritu. Estoy en ese rincón donde no encuentro a nadie, ni siquiera soy capaz de localizarme en la habitación. Sólo soy yo, yo y mis malditos sentimientos que hacen que caiga, que caiga lentamente en un pozo profundo, oscuro y húmedo. Ya que me he dejado caer no pienso ni quiera en moverme, sigo en la misma posición, sigo oyendo todo lo que la tristeza, el rencor y el coraje me cuentan, cada uno una historia diferente. Todo es de color negro, mis manos no dejan de limpiar mis ojos, mis piernas ya están entumidas. En eso me muevo un poco, dejo que la sangre vuelva a fluir por mí ser, dejo de pensar un poco en todas las penas y no noto la última lágrima caer al piso. Los sentimientos malévolos desaparecen de mi radar, me sueno la nariz y subo la mirada, veo el pozo donde me he mentido y me pregunto por qué todo está en una escala de grises. Decido levantarme y empezar a escalar esas paredes húmedas, me resbalo, me caigo, me pego, me rasguño y sobre todo, me hiero pero al final hago lo imposible por volver a ver los rayos de luz.